¿Alguna vez has notado una molestia en el cuerpo y, casi sin darte cuenta, has empezado a pensar que podría tratarse de algo grave? Quizás has buscado los síntomas en Internet, has revisado tu cuerpo varias veces, has pedido opinión a familiares o has acudido al médico para quedarte tranquilo. Y, aunque las pruebas indiquen que todo está bien, la tranquilidad dura poco. Si este patrón te resulta familiar, es posible que estés experimentando ansiedad por enfermedad, una forma de ansiedad en la que la preocupación por padecer o desarrollar una enfermedad adquiere un peso excesivo en la vida cotidiana. Durante mucho tiempo se utilizó el término hipocondría para describir este tipo de dificultades. Actualmente, en el ámbito clínico se habla preferentemente de trastorno de ansiedad por enfermedad cuando existe una preocupación intensa y persistente por padecer una enfermedad grave. El término “hipocondría” continúa siendo muy utilizado en el lenguaje cotidiano, pero puede resultar poco preciso y estar cargado de cierto estigma. ¿Qué es la preocupación por la salud? Preocuparse por nuestra salud es normal. Todos podemos sentir inquietud ante un dolor nuevo, una prueba médica, un cambio corporal o la enfermedad de una persona cercana. La dificultad aparece cuando la preocupación se vuelve desproporcionada, persistente y difícil de controlar, hasta el punto de ocupar mucho espacio mental o interferir en nuestra vida. El problema no está necesariamente en la existencia de una sensación física. De hecho, las sensaciones corporales son reales y todos las experimentamos a lo largo del día. Lo que puede estar contribuyendo al malestar es la interpretación que hacemos de ellas y el estado de alerta constante en el que permanece nuestro organismo. La ansiedad puede aumentar además la atención que prestamos al cuerpo, haciendo que determinadas sensaciones se perciban con mayor intensidad. De esta manera puede establecerse un círculo difícil de romper: noto algo → me preocupo → presto más atención → percibo más sensaciones → interpreto esas sensaciones como peligrosas → aumenta la ansiedad. ¿Cómo se manifiesta la ansiedad por la enfermedad? La preocupación por la salud no siempre se presenta de la misma manera. Algunas personas buscan constantemente información y atención médica; otras evitan precisamente aquello que podría confirmar sus temores. En el fondo, subyace una búsqueda de certeza, una intolerancia a la incertidumbre, que se acrecenta cada vez más a medida que acortamos nuestra ventana de tolerancia. Entre las conductas de búsqueda de certeza más frecuentes encontramos: 1. Búsqueda de información Una pequeña molestia puede llevar a pasar horas buscando información sobre enfermedades, síntomas y experiencias de otras personas. El problema es que Internet ofrece una cantidad enorme de información y, cuando estamos ansiosos, tendemos a prestar especial atención a aquello que confirma nuestros temores (en lo que se conoce como “sesgo de confirmación”). La búsqueda puede proporcionar alivio durante unos minutos, pero posteriormente aparece una nueva duda: “¿Y si justo mi caso es diferente?” Entonces comienza otra búsqueda. 2. Comprobar constantemente el cuerpo Puede aparecer la necesidad de tocarse una zona, mirarse en el espejo, comprobar un lunar, tomarse el pulso, medir la temperatura o prestar atención continuamente a los latidos, la respiración, el estómago o cualquier otra sensación. Estas comprobaciones parecen una forma de cuidarse, pero cuando se realizan repetidamente pueden convertirse en una estrategia para intentar conseguir una certeza que nunca termina de llegar. 3. Buscar que me tranquilicen “¿Tú crees que esto es normal?” “¿Has tenido alguna vez algo parecido?” “¿Seguro que no parece grave?” Preguntar a familiares, pareja, amigos o profesionales puede reducir la ansiedad momentáneamente. Sin embargo, si cada nueva sensación requiere una nueva confirmación, la necesidad de tranquilidad puede terminar manteniendo el problema. 4. Acudir repetidamente al médico En algunos casos existe una búsqueda constante de pruebas, consultas o segundas opiniones. En otros ocurre exactamente lo contrario: la persona evita acudir al médico porque teme descubrir que realmente tiene una enfermedad. Ambos patrones pueden estar relacionados con la ansiedad por la salud. 5. Evitar determinadas situaciones Algunas personas dejan de hacer ejercicio, viajar, salir solas, dormir fuera de casa o realizar determinadas actividades por miedo a que ocurra algo relacionado con su salud. Poco a poco, el miedo puede comenzar a organizar la vida cotidiana. El círculo vicioso de la ansiedad por la enfermedad Uno de los aspectos más importantes para comprender este problema es que las conductas que inicialmente parecen ayudarnos pueden terminar manteniendo la ansiedad. Podemos imaginar un ciclo como este: Sensación corporal → interpretación amenazante → ansiedad → comprobación/búsqueda de información → alivio momentáneo → nueva duda → nueva comprobación. Por eso, intervenir únicamente intentando convencer a la persona de que “no tiene nada” puede no ser suficiente. La cuestión no es conseguir una certeza absoluta sobre la salud —algo imposible—, sino aprender a relacionarse de otra manera con la incertidumbre, las sensaciones corporales y los pensamientos de amenaza. ¿Por qué aparece la preocupación excesiva por la salud? No existe una única causa. En algunas personas comienza después de una experiencia médica difícil, una enfermedad propia o de alguien cercano, la muerte de una persona significativa o un periodo de mucho estrés. En otras puede relacionarse con determinadas características psicológicas, como: Desde una perspectiva integradora, resulta interesante no quedarse únicamente en el síntoma. También podemos preguntarnos: ¿Qué significa para esta persona estar enferma? ¿Cómo se relacionó con la enfermedad su familia cuando era pequeña? ¿Qué teme que ocurra si pierde el control sobre su cuerpo? ¿Qué experiencias anteriores han influido en su relación con la seguridad y la vulnerabilidad? En algunas personas, el miedo a enfermar puede estar conectado con temores más profundos: miedo a morir, a quedarse sola, a depender de otras personas, a no poder cuidar de sus seres queridos o a no tener control sobre lo que sucede. Por eso, el tratamiento psicológico debe adaptarse a la historia y las necesidades de cada persona. Intervención psicológica en ansiedad por la enfermedad La psicoterapia puede ayudar a romper el círculo que mantiene la preocupación. La terapia cognitivo-conductual cuenta con evidencia para el tratamiento del trastorno de ansiedad por enfermedad y trabaja, entre otros aspectos, sobre las interpretaciones relacionadas con las sensaciones corporales y las conductas de comprobación y búsqueda de seguridad. Sin embargo, desde una perspectiva integradora, el trabajo terapéutico puede ir más allá de intentar cambiar determinados pensamientos. 1. Comprender qué está ocurriendo El primer paso es realizar una evaluación psicológica individualizada. No todas las personas que se preocupan por su salud presentan un trastorno de ansiedad por enfermedad. La preocupación puede formar parte de un problema de ansiedad más amplio, de un proceso de duelo, de una experiencia traumática, de una situación médica concreta o de otras dificultades psicológicas. Por eso es importante comprender qué función está cumpliendo la preocupación. 2. Identificar el ciclo de ansiedad Junto con el paciente podemos observar qué ocurre desde que aparece una sensación hasta que comienza la necesidad de comprobar, buscar información o pedir tranquilidad. Comprender este ciclo suele ser un primer paso importante para recuperar la sensación de control. 3. Trabajar la necesidad de certeza Una de las dificultades centrales puede ser la imposibilidad de tolerar pensamientos como: “No puedo estar completamente seguro/a de que no tengo ninguna enfermedad.” La respuesta natural puede ser intentar conseguir esa certeza mediante pruebas, búsquedas o comprobaciones. Pero la salud, como muchos otros aspectos de la vida, contiene inevitablemente cierto grado de incertidumbre. La terapia puede ayudarte a desarrollar una relación más flexible con esa incertidumbre. 4. Reducir las conductas de comprobación No se trata de dejar de cuidar nuestra salud. Se trata de diferenciar entre autocuidado y comprobación ansiosa. Por ejemplo, realizar una revisión médica recomendada por un profesional es una conducta de cuidado. Comprobar veinte veces al día una misma zona del cuerpo para asegurarse de que no ha cambiado puede ser una conducta mantenida por la ansiedad. La intervención busca recuperar un equilibrio más saludable. 5. Trabajar la relación con las sensaciones corporales En lugar de interpretar automáticamente una sensación como una amenaza, podemos aprender a observarla con mayor curiosidad y menos alarma. Esto implica trabajar sobre la atención, la interpretación, la activación fisiológica y la relación que mantenemos con nuestro propio cuerpo. 6. Explorar el significado emocional del miedo En determinados casos, reducir las comprobaciones no es suficiente. Puede ser necesario explorar qué hay debajo del miedo a enfermar: ¿Qué significa para ti estar enfermo/a? ¿Qué es lo peor que imaginas que podría ocurrir? ¿Qué necesitarías sentir para estar seguro/a? Aquí puede ser especialmente útil una psicoterapia integradora que tenga en cuenta no solo los pensamientos y conductas actuales, sino también la historia personal, los vínculos y las experiencias que han contribuido a construir nuestra manera de relacionarnos con la seguridad. Terapia psicológica para la ansiedad en Sevilla La ansiedad por la salud puede llegar a ser muy agotadora. Vivir pendiente del cuerpo y buscando señales de peligro puede hacer que la persona termine sintiendo que nunca puede relajarse completamente. Si sientes que la preocupación por tu salud está empezando a ocupar demasiado espacio en tu vida, la psicoterapia puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y a recuperar una relación más tranquila con tu cuerpo y con la incertidumbre. Soy Elena Chaparro, Psicóloga General Sanitaria en Sevilla, y trabajo desde una perspectiva integradora, combinando diferentes herramientas psicológicas en función de las necesidades de cada persona. Mi formación incluye terapias contextuales, psicodrama, apego y trauma... En terapia no se trata simplemente de convencerte de que “no tienes nada”. El objetivo es comprender el funcionamiento de tu ansiedad, identificar aquello que la mantiene y desarrollar recursos para que la preocupación por la salud deje de dirigir tu vida. Si estás buscando psicóloga en Sevilla para trabajar la ansiedad, el miedo a enfermar o la preocupación excesiva por la salud, puedes ponerte en contacto conmigo para valorar tu caso y conocer cómo sería el proceso terapéutico. También existe la posibilidad de realizar terapia psicológica online.Ansiedad por la salud: qué es y cómo intervenir

Ansiedad por la salud: qué es y cómo intervenir desde la psicología integradora
